el vuelo de la mariposa



"...el proceso educativo se parece más al vuelo de una mariposa que a la trayectoria de una bala". Philip Jackson, La vida en las aulas

Temas



Archivos

Enlaces


Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2004.

07/11/2004

Poder pensar... y soñar

foces.jpgCreo que no hay nada más difícil que pensar, aunque sea un poco.

Volver sobre la realidad, imaginarla para hacerla nuestra, para transformarla. Hoy más que nunca es urgente buscar el silencio necesario para pensar. Necesitamos liberarnos de la necesidad de hacer cosas, de estar produciendo -o consumiendo- permanentemente algo. Aprender a estar sin hacer nada. Encontrarse cómodo mirando el cielo, mirando un árbol o mirando el mar que, después de todo, es una forma de mirar hacia dentro. Es una manera de mirar en nuestro interior.

Y soñar. Y desear.
07/11/2004 10:11 Enlace permanente.

14/11/2004

Ventoleras

Hay que vivir aquí para saber cómo sopla el viento cuando quiere soplar. El viento nos roba las ideas, las ganas de hacer cosas. El viento nos empequeñece, borra la risa de nuestros rostros, nos impide mirar. Vamos con prisa a todas partes y no me deja hacer una de las cosas que a mí más me gusta: pararme en la calle cuando encuentro a alguien que conozco. Cuando sopla el viento como sopla aquí cuando quiere soplar, antes de llegar a la altura de nuestros conocidos ya adelantamos un "adiós"... que es una declaración de principios.

: : : :

Ayer una de las mujeres de mi vida pintó para mí, en secreto, una acuarela. Luego, en secreto, la dejó encima de mi cama y se marchó sin hacer ruido. El cuadro se titula

"El cielo que miraba Paco Ponzán mirado ahora por Víctor Juan".

Y, en secreto, lloré.
14/11/2004 20:38 Enlace permanente.

20/11/2004

Los putos móviles...

cjtorresc2.jpgEsta mañana Javier Torres ha dado un curso sobre teléfono móviles. Ha empezado con un breve repaso de la historia de la telefonía, una historia personal que él ha conocido desde sus orígenes. Nos ha traído parte de su museo de teléfonos para que pudiera apreciarse cómo pasa el tiempo. Teléfonos que se quedan viejos cada mes. Aún hablaba con cariño de viejos terminales que, en su día, le prestaron buenos servicios. Sabe tanto de este tema que Mariano Gistaín decía que era como ver a Einstein cuando era joven. Nos ha hablado de códigos, de tarifas, de operadoras, de su tía Paz, de las Maria Luisas... Javier Torres ha dado un curso sobre el uso del teléfono móvil, pero sobre todo ha dado una lección de humildad. Hasta en el modo de terminar el curso ha sido humilde.

Allí he conocido en carne mortal a Roberto Abizanda, el padre de Blogia; a César Laso, a Ismael, A Javier Burbano, a Carlos Tricas que nos ha enseñado parte de sus mundos imaginados. Luego han venido Ángel Artal, Pepe Melero y Cuchí. Hemos hablado de libros, de escritores, de la exposición que inaugura Katia Acín el próximo martes en la galería La Carbonería de Huesca, del encuentro heterodoxo y romántico en Belchite (Belchite 2004), de los ordenadores que se va a comprar Antón Castro. Nos hemos acordado de Víctor Mira, de Félix Romeo y de Ismael Grasa.

En fin, una fiesta en apenas un milímetro digital. Un milímetro digital que soporta toneladas de talento. Por todo esto, lo de menos, como decía Mariano era lo de los putos móviles.
20/11/2004 20:35 Enlace permanente.

24/11/2004

Exposición de Katia Acín

Ayer por la tarde se anauguró la exposición de Katia Acín en La Carbonería, en la plaza de San Pedro, en el corazón mismo de Huesca, de esta Huesca de María Sánchez Arbós, de Paco Ponzán, de Telmo Mompradé, de las hermanas Barrabés, de Ramón Acín y de Víctor Pardo. Después de las clases, me entretuve paseando por calles estrechas del casco viejo, esperando que se hiciera la hora de acudir a la galería de arte de María Jesús Buil. En la calle de las Cortes me paré enfrente de la casa de Ramón Acín y de Concha Monras. Pronto una placa servira para que en ella se deposite la memoria, y nos recordará que Ramón y Concha fueron arrancados de su casa y que fueron fusilados en agosto de 1936.

Pepe Melero decía ayer que estar entre amigos no tiene precio. Lo cierto es que pasamos un rato muy agradable, inventando proyectos nuevos, recordando trabajos y empeños.
24/11/2004 15:25 Enlace permanente.

28/11/2004

Setenta y cinco años de una escuela viva

Un edificio es un espacio físico, una forma de dar sentido a la luz y al aire.

Un edificio escolar está pensado para aprender, pero también para convivir, para colaborar y prestar ayuda, para crecer y para compartir. Un edificio escolar es un espacio para el nosotros, para el descubrimiento de la identidad compartida, para aprender a discrepar, para aprender a aceptar y a respetar las diferencias.

Un edificio escolar proyecta y traduce la concepción que se tiene de la educación, crea posibilidades, permite un tipo de comunicación u otra. Un edificio escolar es un lugar de encuentro o de separación, y nos habla de las personas que en él trabajan y que se educan en sus aulas.

Una escuela es, fundamentalmente, un grupo de personas que aprenden, que se comunican, que, a veces, padecen, que construyen su identidad, que dialogan o se aíslan. Una escuela es un lugar de legitimación de determinadas ideas. Una escuela es un lugar proyectado irremediablemente hacia el futuro, un lugar para contrastar ideas y pareceres. Una escuela es una institución condicionada por algunas rutinas, con unas pautas de comunicación mediadas y mediatizadas por el peso de la misma institución. Una escuela es un lugar simbólico, revestido de un especial significado por las personas que en ella conviven: las batas, las sirenas, el horario, las filas, las marchas, las banderas… En definitiva, símbolos creados, o impuestos, que condicionan la vida de las personas que forman parte de las instituciones. Una escuela es un lugar para descubrir el mundo o, al menos, parte de él: la amistad, el compañerismo, el sentimiento de pertenencia, el respeto, la propia valía, el valor de la palabra, la rebeldía, la obediencia y la desobediencia, las primeras lecturas, las reglas que nos permiten convivir…

La escuela como reflejo de una época

Las escuelas son las instituciones que mejor y más fielmente traducen los valores de una sociedad porque pretenden, esencialmente, socializar a los niños en unos determinados valores, en una determinada manera de entender el mundo.

Por su carácter universal y obligatorio, la escuela es una institución total que reúne en su seno durante un tiempo prolongado a toda la población infantil. De ahí, precisamente, su potencial socializador y, por lo tanto, el interés de grupos ideológicos y políticos por controlar lo que se hace en la escuela.

El Grupo Escolar Joaquín Costa

Escribir sobre el Grupo Escolar Joaquín Costa de Zaragoza es escribir sobre un edificio, sobre el proyecto de un arquitecto, y la generosidad de una ciudad que quería levantar un monumento en memoria de Joaquín Costa. Pero lo más importante de estos setenta y cinco años de historia es la escuela viva. Los miles de niños y niñas que crecieron, pensaron, disfrutaron, aprendieron, lloraron, jugaron y rieron en esta escuela. Y las maestras y maestros que durante estas décadas los vieron crecer, pensar, disfrutar, aprender, llorar, jugar y reír. Ésa es la otra escuela, la escuela íntima, la escuela que apenas puede ser contada, la escuela de los encuentros, la escuela sólo imaginada, la escuela de las palabras, de las miradas y de las complicidades, la escuela del respeto y de la admiración, la escuela tolerante, la escuela también, a veces, de la incomprensión, la escuela recordada, la escuela soñada, la escuela perdida, la escuela que pudo ser, la escuela instrumentalizada, la escuela sometida, la escuela pública y cívica.

Cuando el arquitecto Miguel Ángel Navarro anunció las líneas básicas de su proyecto, la ciudadanía supo que sería un gran grupo escolar, una escuela moderna, un monumento vivo. Aunque también hubo zaragozanos incrédulos que paseaban por el Campo del Sepulcro y que dudaban que aquella escuela llegara a terminarse. Por eso, el día de la inauguración se congregó un gentío inesperado en las puertas de la escuela. Decían que aquella escuela tenía piscina y duchas, decían que los obreros del Centro Aragonés de Barcelona habían elaborado, robándole horas al sueño, unos muebles para sumarse al homenaje que la ciudad tributaba a Costa. Además, decían que había laboratorios, biblioteca, un salón de actos como el de un teatro. Los periódicos publicaban que no se había escatimado el espacio dedicado a patio de recreo, que había jardines, un amplio comedor, árboles y mucho material pedagógico… Y costaba creer que fuera cierto todo lo que se decía.

Los primeros niños llegaron a la escuela un poco asustados y cohibidos. Allí había dependencias y materiales con los que no habían soñado, instalaciones impensables en otras escuelas de la ciudad, como las vitrinas con material de proyección, las columnas de hall que daban al edificio un aspecto monumental, los enormes ventanales, las puertas de hierro o los altísimos techos. El director de la escuela, Pedro Arnal Cavero, los tranquilizó: “Niños, este edificio hermoso y grande es vuestra escuela y es vuestra casa. El municipio zaragozano lo ha construido con arte y lo ha amueblado con lujo para que paséis en él las mejores horas de vuestros años felices, los días más dichosos de vuestra vida”. Aquella treintena de maestros y el millar y medio de niños, iniciaban juntos la aventura compartida de poner en marcha un gran grupo escolar.

Los ilusionantes años de la Segunda República coincidieron con los primeros cursos de funcionamiento de la escuela. Pedro Arnal Cavero quería una escuela abierta durante todo el año para que pudiera utilizarse la piscina, los patios de recreo, la biblioteca. Soñaba con una escuela que preparase para la vida. Por eso se organizaron las clases de iniciación profesional: la imprenta, el taller de carpintería, las clases puericultura y de mecanografía. El Costa era una escuela que quería cumplir una amplia labor social sirviéndose del comedor y del ropero escolar, pero sin ser una obra de caridad, evitando el indigno espectáculo de las filas de niños que eran agraciados con algo de ropa, o con una beca en el comedor escolar.

El salón de actos fue el escenario de encuentros de maestros y de diversos actos culturales. También eran frecuentes las visitas a la escuela de maestros venidos de todo el Distrito Universitario. Sobraba entusiasmo, pero surgieron muchas dificultades: los frecuentes cambios en el profesorado, los problemas para nombrar al director, etc.

Durante la guerra, este espacio público fue utilizado con otros fines: las dependencias del Grupo Escolar sirvieron de hospital de guerra.

Finalizada la guerra civil, cuando los niños pudieron volver a su escuela porque la escuela fue otra vez escuela y no hospital, la escuela ya no era la escuela. Se acabaron las comisiones, los proyectos, las salidas y el trabajo compartido de niños y niñas. La escuela fue un aparato al servicio del Estado, un lugar de imposición y de sometimiento. Era el tiempo de la sumisión por la sumisión. A veces, la rígida disciplina se manifestaba en los castigos, en las consignas, en las celebraciones sin alegría, en el control sobre el trabajo de los maestros, en las banderas, en la autoridad impuesta, en el pensamiento uniforme o ausencia de él. La escuela de la dura posguerra se caracterizó, entre otras cosas, por las glorias imperiales, la increíble historia que fabricaron los vencedores, los himnos, las canciones, las lecturas depuradas, las ausencias, las palabras secuestradas, la vuelta a la Edad Media de la pedagogía, la educación al servicio del integrismo nacionalista y del integrismo religioso, la radical separación de niños y niñas. Pero, a pesar de todo, también había maestros y maestras que, en la intimidad del aula, fueron ejemplo de libertad y de tolerancia.

Frente a la rotunda invitación que Arnal Cavero hizo a los primeros alumnos del Grupo Escolar: “Niños, esta es vuestra escuela y vuestra casa”, la dictadura fue un tiempo de enajenación y de expolio. Junto a la memoria se expropió la conciencia de las cosas, el sentimiento de pertenencia, de solidaridad, el sentido de comunidad.

Tras la muerte del general Franco, con la recuperación de las libertades, la escuela se llenó de niños nuevos con caras nuevas. Las escuelas fueron sacudidas por algunos acontecimientos que terminaron transformado sus objetivos y su funcionamiento: nuevos contenidos, la democracia y la democratización del sistema educativo, las autonomías, los partidos políticos, niños que han venido de lejos, que aprenden a convivir en la escuela, Aragón asumió las competencias en educación, las especialidades del profesorado -en Inglés, en Música, en Educación Física, en Pedagogía Terapéutica, en Educación Infantil- la coeducación, la participación de los padres en la escuela, la colaboración con las familias, las nuevas tecnologías, los retos de la sociedad de la información, la integración de los alumnos con necesidades educativas especiales, el respeto por la diferencia, la igualdad de oportunidades, los maestros de apoyo, la gestión democrática de la escuela –los consejos escolares-.

Todas estas transformaciones demuestran que una escuela es una institución dinámica que cambia al ritmo de la sociedad (unas veces por delante, otras arrastrando un evidente retraso).

El Costa mañana y hoy

El Colegio Público de Educación Infantil y Primaria Joaquín Costa de Zaragoza es una escuela preparada para afrontar nuevos retos, una escuela que quiere ser mañana lo que fue para miles de niños: un tiempo inolvidable, un tiempo iniciatico, el tiempo de los descubrimientos personales, los amigos, las aficiones, las primeras rebeldías, la colaboración, el encuentro con los otros.

Hoy el Costa es la escuela viva, es decir, el grupo de niños que juegan y sueñan donde otros soñaron hace setenta y cinco años. Y la escuela también son los afanes cotidianos de maestras que allí trabajan, que se preocupan por sus alumnos, que reflexionan sobre su trabajo, que acompañan a los niños por el camino del aprendizaje y del descubrimiento. Esta escuela viva es la prueba de que a pesar de los cambios, las innovaciones, los materiales nuevos o los nuevos contenidos, la escuela es un grupo de personas que aprenden, que se comunican, que, a veces, padecen, que construyen su identidad, que dialogan o se aíslan. Por eso, todo es cada día nuevo y, al mismo tiempo, todo es viejo en este hermoso edificio: los pasillos, las escaleras, las mismas puertas miles de veces traspasadas, y, sobre todo, las palabras… ¡cuántas palabras han revoloteado en el interior de estos muros!

Este aniversario es un buen momento para recuperar la ilusión por la escuela que encierra, en realidad, la creencia en la posibilidad de transformar la sociedad, la confianza en que aún es posible hacernos mejores, la promesa de un mañana un poco más justo.
28/11/2004 00:20 Enlace permanente.


Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.

[Blogia apoya al Evento Blog España y los Premios Bitacoras.com 2008 | Medio Oficial: ADN.es]