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el vuelo de la mariposa

La ciudad nevada

Mientras escribo la nieve se deshace en los tejados de Huesca. Pronto no quedará más que un recuerdo blanquecino en las umbrías. De todos los edificios de la redolada, sólo el hotel Pedro I está más alto que mi despacho de la Escuela de Magisterio. Suelo decir que tengo el despacho en el palomar. Por eso desde aquí veo los pinos del parque donde Ramón Acín colocó sus pajaricas, del parque que atravieso diariamente para venir a dar clase, del mismo parque que fue el escenario cómplice y luminoso de los juegos de Katia y Sol, del mismo parque en el que estas tardes juegan con la nieve Carmela y Javier. Me gusta esta ciudad, la Huesca de Víctor Pardo, de Paco Ponzán, de María Sánchez Arbós... la ciudad desconocida para los estudiantes que llegan cada septiembre con la idea (romántica, incierta y anecdótica) de hacerse maestros...

Pero yo soy de Zaragoza. No lo digo por presumir. No puedo disimularlo permanentemente. Me apasiona la Zaragoza de Pepe Melero, de Ignacio Martínez de Pisón, de Rodolfo Notivol, de Félix Romeo, la Zaragoza de Ismael Grasa, de Mariano Gistaín, de Luis Alegre y Antón Castro, la Zaragoza de Blanca y de Guillermo, la Zaragoza de Jeany, Wladimir, de Mahmadou, de Amín y de Alina...

Mi amigo Javier Burbano -tengo que preguntarle si su familia es de Calanda- me ha enviado unas fotografías buenísimas de Zaragoza cubierta de nieve. Esta noche, cuando vuelva de Barbastro, las colgaré en la web.
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1 comentario

De Anton -

Felicidades a tus niños, Guillermo y Blanca, por su cumpleaños, y felicidades a su papá (y a su mamá Virginia) por tener esos niños tan encantadores que viven en el paraíso rodeados de perros y de pájaros. Un abrazo.Ac.
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