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el vuelo de la mariposa

La educación que precisamos. Entre la equidad y la calidad

He visto niños que miran como miran todos los niños, y que parecen condenados, desde antes de empezar la escuela, al fracaso escolar. Niños que ríen como ríen los niños, mientras un “no” preside sus vidas. Evitamos pensar en ello, pero cada ciudad tiene su sur, un territorio en el que se han asentado niños que han venido de lejos, hijos de familias desfavorecidas y desestructuradas. Necesitan una educación basada en la justicia, una educación infantil que les permita construir su identidad, que les permita socializarse, que les estimule y trate de paliar la desigualdad desde la que estrenan no sólo su escolarización, sino la vida.

Todos los niños de 0-6 años son genios en potencia. Hablarán dos o tres idiomas, si crecen en el medio lingüístico adecuado; desarrollarán un gusto exquisito por la música, si se les permite escucharla; amarán la literatura, si se cruza en su camino una maestra o un maestro que sepa mirarlos a los ojos mientras les cuenta las hermosas historias que desde hace centenares de años han ayudado a madurar a la humanidad; entenderán los principios de la sociedad de la información, si en la escuela hay ordenadores… Todo es posible para todos los niños.

Creo en el carácter educativo irrenunciable de la educación infantil, un período que se extiende desde el momento del nacimiento hasta los seis años, un tiempo en el que todo es aún posible, si se ponen los medios y los recursos necesarios. Es urgente que el profesorado que trabaje en esta etapa esté formado superiormente.

El gran reto de la Educación Infantil está en el primer ciclo. Necesitamos una red suficiente de centros públicos de 0-3. Hay que invertir mucho dinero para que se cumpla escrupulosamente la relación profesor alumno, que permita trabajar adecuadamente, para que haya espacios suficientes, para que estas escuelas infantiles abandonen su carácter meramente asistencial. Hay que derrochar dinero para que todos los niños, por equidad, tengan acceso a uno de estos centros.

Además de atender al desarrollo afectivo y emocional del niño, la educación infantil tiene entre sus finalidades el enriquecimiento intelectual. No hay mejor momento para la introducción de una lengua extranjera, para familiarizar a los niños con el ordenador o con el código escrito, porque ya viven sumergidos en él. Basta pensar en la publicidad, los medios de comunicación, los logotipos, matriculas de coches, miles de iconos y de símbolos que le entran al niño de mil maneras por los ojos. Sólo me preocupa que esta aproximación al código escrito se convirtiera en causa de exclusión y que hubiera niños que por no dominar la lectura en Educación Infantil empezaran la Primaria recibiendo clases de apoyo. También eso iría contra la equidad. Leer no puede convertirse en un ejercicio tedioso, rutinario y carente de sentido -Mi mamá me mima, ¿recuerdan?- Aquello era un absurdo que invitaba a no leer nunca más, y a no volver a escribir.

Sólo si somos capaces de proporcionar una educación basada en la equidad, tendremos, seguro, una educación de calidad, que procure que quienes peor están, estén lo mejor posible. Todo sería tan fácil como que pensemos la educación infantil que desearíamos para nuestros hijos y tratemos de que ésa sea, precisamente, la Educación Infantil que trataremos de ofrecer a los hijos de todos. Una educación de calidad. Por equidad.

(Este texto -o algo parecido- se publicó hace unas semanas en Heraldo Escolar)
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