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el vuelo de la mariposa

En este valle de lágrimas

Hace tiempo que dejé de llorar todos los días un poco. No eran grandes llantos, pero los lloros me servían, supongo, para manifestar mi desacuerdo, para llamar la atención o para dar salida a sentimientos inconfesables. No sé. Habrá, seguro, teorías que explicarán por qué, cuando niños, lloramos. En mi infancia se lloraba "a moco tendido", se lloraba "con lágrimas de cocodrilo", y casi siempre daba igual como llorases porque todos teníamos "el melico atao". Ahora ya sólo lloro cuando puedo.

Cuando era niño no entendía algunas cosas. De otras me hacía una idea precisa, pero no sé qué era peor. En la escuela teníamos que recitar aquello de "ea, pues, abogada nuestra", y me hacía gracia que todos tuviéramos que decir cosas que no decíamos nunca en la vida real. Pero lo que escapaba a mi entendimiento era lo del "valle de lágrimas". Me parece que tenemos un pensamiento icónico, y yo no lograba localizar, de ninguna manera, los exteriores de esta historia: "el valle de lágrimas". Veía a la gente reír, hablar, cantar, ir y venir, tomar café, regar las macetas, dormir la siesta, tomar la fresca por la noches, darse la mano, estrenar zapatos, comer helados, jugar en las calles, bailar en la plaza, mudarse los domingos, repartir las verduras del huerto con los vecinos, beber vino con gaseosa en el porrón, y, sobre todo, conseguí que mi padre me dejara quedarme a ver las películas de Tarzán los miércoles por la tarde, en vez de ir a hacer aquel master de párvulo avanzado que cursé durante tres o cuatro años. Me quedaba tan lejos lo del valle de lágrimas...

Hoy digo a veces lo de las lágrimas para disimular, para no despertar las sospechas de quienes se inquietan cuando todo está bien, cuando algo no va mal.

A mí me gusta vivir -seguro que es una declaración estúpida-, pero me sorprendo a veces pensado que todo está bien: me gusta dar clase, pensar, leer, escribir, me gusta recordar, hablar, trasnochar, verlos crecer, mirar el cielo que miraba Paco Ponzán y mirar -en general-, me gusta saltarme alguna norma cada día, hacer lo que me da la gana, decir sí y no, me gusta enredar y perder el tiempo... Otro día escribiré sobre estos secretos.
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1 comentario

Raquel -

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