el vuelo de la mariposa



"...el proceso educativo se parece más al vuelo de una mariposa que a la trayectoria de una bala". Philip Jackson, La vida en las aulas

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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2004.

01/09/2004

Tarzán

tarzan1.jpgTarzán, Jane...

...Jane, Tarzán

Tarzán...

Jane...
01/09/2004 00:59 Enlace permanente.

02/09/2004

Nada (más) que querer (más)

Un día descubrió que no quería nada, que no esperaba nada y que estaba justo donde quería estar. Enseguida se dió cuenta de que aquello era realmente peligroso porque era libre para hacer algunas cosas y para no hacer otras. Sin más. Y en eso está. Pasa los días mirando el cielo -y la vida- sin ningún propósito concreto, releyendo las obras completas de Antón Castro, componiendo -hasta donde sabe- los recortables de Mariano Gistaín, haciendo tiempo para que se haga la hora de tomar café con Pepe Melero, conversando con Víctor Pardo sobre lo que pudo ser y algunos no dejaron que fuera, coleccionado los reportajes de Marisancho Menjón en Qriterio Aragonés o ensayando recetas imposibles en la pequeña cocina de su diminuta casa.

Dicen que cultiva su gusto por lo inútil y el arte de perder el tiempo -para, quizá, ganarlo-, que está empeñado en descubrir la razón que se esconde en cada gesto, que intenta atrapar los instantes que le regalan sus seis hijos, que ha comprado un teléfono multimedia solo para pasar con Javier Torres algunas suaves tardes de invierno en la Insula Barataria.

Un día descubrió que para él la esencia de la vida es el secreto que ella guarda en el cálido laberinto de sus pecas.

Y sonríe sin venir a cuento porque no quiere nada, ni espera nada, y está justo donde quiere estar.
02/09/2004 13:53 Enlace permanente.

04/09/2004

Como una madre más

Como una madre más, voy casi todas las tardes a recoger a mis hijos a la escuela. Me gusta ver cómo los niños, al traspasar la puerta de la escuela sonríen, gritan, se emocionan al ver a sus abuelos, besan a sus hermanos pequeños, corren, tiran las carteras al suelo porque saben que han recuperado otra vez la vida -y la libertad- que para muchos se queda en suspenso en cuanto se adentran en el territorio escolar, un lugar en el que se está permanentemente vigilado.

Si alguna vez Blanca o Guillermo salen tarde, me preocupo enseguida: ¿se habrán accidentado? ¿estarán bien? ¿qué harán sin mí, cuando deberían estar conmigo? Y miro una y otra vez la puerta por la que han de aparecer, sin atender a otras madres y a otros niños que, a veces, me saludan y que se van ya camino de casa. Y cuando, por fin, Guillermo o Blanca salen y me explican que la maestra les ha castigado por hablar, o que habían perdido la bata, o que no encontraban la cartera, o que han acompañado a un amigo a buscar un pelota perdida, o que era el cumpleaños de un compañero que estaba repartiendo chucherías, me digo: "Todo está bien. Un día más".

Quizá porque casi todas las tardes voy, como una madre más, a recoger a mis hijos a la escuela, imagino el dolor de las madres que esperaban que sus hijos salieran de la escuela número uno de Beslán. Y siento en mi propio corazón la locura del terror al ver correr niños desnudos, ensangrentados, y la angustia de buscar en cada uno de esos rostros el rostro demacrado de sus hijos.
04/09/2004 09:47 Enlace permanente.

09/09/2004

El sueño de cada verano...

Hoy empieza la escuela. Además de la tristeza social que últimamente me acompaña, estoy triste sin venir a cuento. No es la misma tristeza, ni los mismos abismos que crecen dentro de mí, por estas fechas, durante los últimos treinta y siete o treinta y ocho años. Es un problema de adicción. Hemos pasado tantas horas juntos...

O será que se me escapa la vida entre septiembre y septiembre, o que soy vulnerable en las personas que quiero. Y quiero querer, claro. Aunque a veces me ponga triste sin venir a cuento.

Ya pasará, supongo.
09/09/2004 07:22 Enlace permanente.

16/09/2004

Mirar

cielo2.jpgCasi siempre todo se reduce a saber mirar. Ayer estuve un rato con Paco Boisset -poeta, viajero, coleccionista y maestro impresor, al menos- y me decía que a José Luis Cano le pasan cosas todo el rato, aunque el propio Cano lo desmienta. Pero es que Cano sale a la calle muy temprano. Y mira. Sabe mirar.

Esta fotografía -sin conservantes, ni colorantes- acabo de quitársela al amanecer. Eran las 7:27 h.
16/09/2004 07:49 Enlace permanente.

El camión de Javier Torres

camion5.jpgHe llevado a los chicos a la escuela y he pensado que era mejor volver a casa para revisar algunos papeles antes de una apasionante reunión que tengo dentro de un rato. Y tenía en el correo unas fotografías de Javier Torres, ese hombre bueno que recorre Zaragoza cargado de palabras y de sueños. Esta noche, quizá como fin de fiesta, quizá para celebrar que se acaban las vacaciones, alguien ha incendiado un contenedor. Las llamas han alcanzado el camión de Javier Torres. Cuánta estupidez y cuánta impotencia. Javier tendrá que comprar otro camión... Javier lleva toda la mañana consolando a los amigos que le llamamos para saber cómo está. Qué difícil es todo...
16/09/2004 09:49 Enlace permanente.

17/09/2004

Maestros

Cada año por estas fechas, los maestros reinventan con sus alumnos el mundo, y empiezan a construir el frágil espacio simbólico que les servirá como lugar de encuentro. No se trata de continuar el trabajo interrumpido por las vacaciones de verano, sino de inventarlo todo de nuevo. Es una tarea compleja e incierta que comienza por compartir palabras, conceptos, sentimientos, complicidades y miradas. Como escribió Philip W. Jackson, en La vida en las aulas, en educación todo es más parecido al vuelo de la mariposa –frágil, imprevisible e incierto-, que a la trayectoria de una bala que –lamentablemente- se puede calcular con precisión y dirigir a un lugar predeterminado. En educación, lo que funciona hoy es casi seguro que no servirá de nada mañana, lo que ayuda a Carmela no vale para Daniel y, desde luego, no es lo que necesita Javier. Y sólo una maestra –con mirada de maestra- es capaz de intuir lo que precisa cada uno de sus alumnos y de sobrevivir en ese caos comunicativo que es el aula, al tiempo que toma, cada hora, centenares de decisiones.

Pasado el tiempo, hay personas que resumen sus años de escolaridad en una actividad que les cautivó, en los juegos, en los primeros amigos o en algunas celebraciones. Pero lo más frecuente es que recordemos a un maestro, que recordemos sus palabras, la pasión que nos transmitió por un libro, por el saber. Lo común es recordar a aquellos maestros que fueron importantes en la vida de sus alumnos porque un día les hicieron sentir queridos, comprendidos o protegidos.

Todavía merece la pena dedicarse a un oficio tan difícil porque, a veces, aunque sea de cuando en cuando, pasan cosas tan hermosas que cuesta trabajo creerlas. Por ejemplo, el filósofo Emilio Lledó en una autobiografía intelectual publicada en la revista Antrophos, confiesa que, en Vicálvaro, durante la II República, el mayor atractivo de su escuela, una escuela con estanque, jardín y un hermoso patio de recreo era, precisamente, don Francisco, el joven maestro que todos los días invitaba a aquellos niños, que tenían entre ocho y doce años, a escribir unas sugerencias de la lectura, un comentario personal de un fragmento del Quijote, de la prensa diaria o de un libro histórico. Lledó dice haber tenido buenos maestros, sobre todo en Alemania, pero ninguno de ellos despertó en él el firme deseo de saber, ni supo hacer del aprendizaje y del conocimiento una apasionante aventura como don Francisco, a quien coloca junto a Julián Marías, Hans G. Gadamer, Otto Regenbogen o Karl Löwith. Otro caso que demuestra la importancia que pueden llegar a tener los maestros lo encontramos en Santiago Hernández Ruiz, maestro en Paniza entre 1925 y 1930, referente de una generación de hombres, conocidos como “los de don Santiago”, que dicen, emocionados, deberle todo cuanto han sido a este maestro. Necesitamos, hoy más que nunca, maestros como el de La lengua de las mariposas, el estremecedor cuento de Manuel Rivas porque don Gregorio sabía transmitir el sentido de cuanto ocurría en la vida de unos niños de aldea que se asomaban, desde las ventanas del aula, al mundo. Necesitamos maestras contentas de serlo, como decía María Sánchez Arbós, la educadora oscense que quiso ser, antes que profesora de la Universidad o de la Escuela de Magisterio, maestra.

Hay miles de maestros en Aragón que trabajan un día detrás de otro, silenciosa y honestamente. Maestros que, a veces, caen en el desánimo y pierden la esperanza, pero vencerán porque como escribe José Antonio Labordeta recordando a su padre en Los amigos contados, “la historia vence y venceremos. Porque dejar las manos y los ojos en los rostros hermosos de los niños, no se pierde en el aire, en el olvido. Crecen igual que el viento, que la vida...”.
17/09/2004 00:22 Enlace permanente.

23/09/2004

La tristeza del escultor

El escultor está triste. Antes ha estado mudito. Dice de sí mismo que es inteligente y que por la noche oye perros que no le dejan soñar, que hay gente que chilla y vocifera... Qué lamentable...

El pobrecico no ha entendido nada.

El escultor cree no hay nada por encima de sus esculturas. Quería hacer una escultura a cualquier precio: primero a Ramón Acín, luego a Vicente Campo, luego a la concordia... qué más da... Pero hay cosas más importantes que su cuenta corriente, que la vanidad, que su tristeza y que la mía. Dice que se va rumbo a otros parajes. Y él que es tan inteligente, sensible y defensor de la libertad se va insultando. Buen viaje.
23/09/2004 23:30 Enlace permanente.

26/09/2004

Homenajes públicos

El debate en torno al monumento proyectado por Elboj para homenajear al alcalde primorriverista y franquista de la ciudad de Huesca es un ejemplo de muchas cosas. Apuntaré ahora algunas:

Un ejemplo de cómo entienden algunos lo público: los espacios públicos, los homenajes públicos y los dineros públicos. El alcalde llegó a la conclusión de que era mejor homenajear a Vicente Campo que a Ramón Acín. Porque debería saberse que el escultor había proyectado un conjunto escultórico para recordar a Ramón Acín. Pero falló el mecenazgo de la CGT. Entonces se encontraron el alcalde y el escultor y decidieron llevar ese proyecto a Huesca. Pero el alcalde convenció al artista de que era más conveniente dedicar el homenaje a su antecesor en la alcaldía, aunque fuera firme partidario de las dictaduras que a Ramón Acín. Nadie dice que haya un acuerdo municipal, que se abriera un concurso público para que artistas, escultores, diseñadores, etc., presentaran en plazo y forma un proyecto -acompañado de su presupuesto-, que hubiera una comisión que valorara y seleccionara los proyectos y que se dieran a conocer a la ciudadanía. En este caso no ha habido nada de cuanto les digo.

Un ejemplo de desmemoria. Hay personas empeñadas en decir que lo que pasó ayer (hace sesenta y ocho años) no tiene hoy ninguna importancia. Que no conviene hablar de todo aquello. Y sin embargo, olvidar a las víctimas es dejarlas morir dos veces, como está escrito en la fosa en la que están enterrados 1.097 milicianos fusilados en una cuneta de Teruel donde una placa reza: Sólo moriremos si nos olvidáis...

Han querido desenterrar a Vicente Campo para dedicarle un tercer homenaje público (ya tiene calle y busto en Huesca). Pero quieren que aparezca descontextualizado, sin pasado, sin ideología, rodeado de una asepsia política y ética imposible de creer. Y la historia no se resume, claro que no, en una historia de buenos y malos. Pero hubo hombres buenos, y hombres malos.

Por último diré que ha habido un grupo de ciudadanos, de hombres y de mujeres, que no se han conformado con el silencio, con mirar para otro lado y, simplemente, han dado su opinión. Públicamente. Por escrito. Y lo han hecho en la humilde sección de cartas al director de un periódico de la ciudad. No ha habido ni grupo político, ni medio de comunicación que haya apoyado esta campaña. No les ha guiado más interés que el de vivir en una ciudad un poco más justa. Y han hablado y han escrito cuando lo más fácil, ya lo saben todos ustedes, es el silencio.
26/09/2004 12:09 Enlace permanente.

30/09/2004

Rumbo al paraíso

Querido Víctor:

La mejor manera de llegar al paraíso, para mí, es ir hacia Alcañiz, tomar el desvío a Calanda a la derecha, cuando has entrado en el pueblo, al lado del restaurante Balfagón, hay una carretera a la izquierda, al lado mismo de una segunda gasolinera diminuta, que lleva a Mas de las Matas. Sigues hasta allí, rodeas el pueblo, y ves tras rebasar una curva de sartén otra carretera a la izquierda en dirección a Aguaviva y Morella. La sigues y no la dejas: cruzas la Balma, Zorita del Maestrazgo, sigues siempre en dirección a Forcall. Hay un momento en que, tras dejar otra gasolinera solitaria, puedes optar entre Morella y Forcall. Vas hacia Forcall, atraviesas el pueblo, sigues, sigues, y de repente te encuentras con un puente, tomas hacia la izquierda, hacia La Mata, Mirambel y Cantavieja. Sigues recto, recto, y poco después de pasar la Mata, te encuentras con otro desvío a la izquierda hacia Mirambel y Cantavieja. Son 17 kilómetros, más o menos. Sigues, sigues, y a las 2 horas y 45 minutos llegas a Cantavieja, el paraíso en lo alto.

Un gran abrazo. Antón.
30/09/2004 07:39 Enlace permanente.


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