el vuelo de la mariposa



"...el proceso educativo se parece más al vuelo de una mariposa que a la trayectoria de una bala". Philip Jackson, La vida en las aulas

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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2004.

04/06/2004

Libros en Huesca

No hay mejor escenario que el parque de Huesca, junto a las pajaritas que soñó Ramón Acín, para celebrar la feria del libro. Protegidos por la sombra de frondosos árboles y por el círculo mágico que forman las palabras contenidas en los libros, un centenar de niños participaba en un bingo literario, mientras los mayores paseaban demoradamente por las casetas de las diferentes librerías. Algunos de los visitantes de la feria del libro se conducen con la determinación de quienes saben qué quieren y qué buscan, otros acarician los libros y saben que alguno de ellos terminará seduciéndoles, otros parecen estar buscando un tesoro, un libro raro o sorprendente que le está esperando en cualquier estante...

Antes de ir a la feria, celebramos una fiesta con Rosa Tabernero, José Luis Jiménez, Polo Salcego y Virginia.

Por la feria del libro pasó un momento Víctor Pardo, que siempre está en tránsito, cargado de proyectos, llevando, como siempre, libros en las manos, trabajando de sol a sol y a destajo para reconstruir vidas rotas, pequeños detalles de la historia que son los que nos hacen realmente grandes. Estuve con Irene Abad Buil una historiadora que investiga cómo las mujeres participaron de mil maneras en una sociedad que les negaba un sitio. Conocí en carne mortal a Severino Pallaruelo que ha aprendido a mirar los ríos, las piedras, la montaña, los barrancos y carrascales, el cielo y las gentes que pueblan el universo. Mirar sin más para descubrir el tiempo lento de la vida. Enrique Satué volvió a regalarnos, con la humildad de la gente de la montaña, los secretos que atesora gracias a su paciencia de etnógrafo.

Y me sonrieron Cielo, Alberto y Sofía.

Lo pasé bien y mal, como siempre. Y hablamos de Palmira Pla, de Ildefonso Beltrán, de los hermanos Carrasquer, de Ramón Acín, de Paco Ponzán y de Evaristo Viñuales, de Simeón Omella, de María Sánchez Arbós...

Y ahora estoy otra vez solo, herido por la ausencia y el vacío que sólo llenan las palabras.
04/06/2004 08:30 Enlace permanente.

08/06/2004

En este valle de lágrimas

Hace tiempo que dejé de llorar todos los días un poco. No eran grandes llantos, pero los lloros me servían, supongo, para manifestar mi desacuerdo, para llamar la atención o para dar salida a sentimientos inconfesables. No sé. Habrá, seguro, teorías que explicarán por qué, cuando niños, lloramos. En mi infancia se lloraba "a moco tendido", se lloraba "con lágrimas de cocodrilo", y casi siempre daba igual como llorases porque todos teníamos "el melico atao". Ahora ya sólo lloro cuando puedo.

Cuando era niño no entendía algunas cosas. De otras me hacía una idea precisa, pero no sé qué era peor. En la escuela teníamos que recitar aquello de "ea, pues, abogada nuestra", y me hacía gracia que todos tuviéramos que decir cosas que no decíamos nunca en la vida real. Pero lo que escapaba a mi entendimiento era lo del "valle de lágrimas". Me parece que tenemos un pensamiento icónico, y yo no lograba localizar, de ninguna manera, los exteriores de esta historia: "el valle de lágrimas". Veía a la gente reír, hablar, cantar, ir y venir, tomar café, regar las macetas, dormir la siesta, tomar la fresca por la noches, darse la mano, estrenar zapatos, comer helados, jugar en las calles, bailar en la plaza, mudarse los domingos, repartir las verduras del huerto con los vecinos, beber vino con gaseosa en el porrón, y, sobre todo, conseguí que mi padre me dejara quedarme a ver las películas de Tarzán los miércoles por la tarde, en vez de ir a hacer aquel master de párvulo avanzado que cursé durante tres o cuatro años. Me quedaba tan lejos lo del valle de lágrimas...

Hoy digo a veces lo de las lágrimas para disimular, para no despertar las sospechas de quienes se inquietan cuando todo está bien, cuando algo no va mal.

A mí me gusta vivir -seguro que es una declaración estúpida-, pero me sorprendo a veces pensado que todo está bien: me gusta dar clase, pensar, leer, escribir, me gusta recordar, hablar, trasnochar, verlos crecer, mirar el cielo que miraba Paco Ponzán y mirar -en general-, me gusta saltarme alguna norma cada día, hacer lo que me da la gana, decir sí y no, me gusta enredar y perder el tiempo... Otro día escribiré sobre estos secretos.
08/06/2004 12:27 Enlace permanente.

10/06/2004

Todo en ti fue naufragio

A veces hay que recurrir a la poesía para explicar, aunque sea con las palabras de otros, como nos sentimos. Mario Jiménez, el pescador de El cartero de Neruda, la novela de Antonio Skármenta, dejó definitivamente el mar por la emoción de entregar diariamente la correspondencia a Pablo Neruda en Isla Negra. Mario quería ser poeta. Y, en un momento de decisión extrema, así se lo hizo saber a don Pablo quien, sorprendido, le preguntó las razones de semejante aspiración:
"- Es que si fuera poeta podría decir lo que quiero.
-¿Y qué es lo que quieres decir?
- Bueno, ése es justamente el problema. Que como no soy poeta, no puedo decirlo".

En El cartero de Neruda también se dice bien claro que la poesía es de quien la necesita.

Bueno. Hoy quería traer aquí un rotundo verso de Pablo Neruda: Todo en ti fue naufragio. Hay días en los que parece que todo haya sido un naufragio. Sin embargo... de todo se aprende. Y mañana hay que volver a arriesgarse, hay que aventurarse porque todo está junto, todo es complejo y el llanto de hoy es por la risa de mañana.
10/06/2004 00:17 Enlace permanente.

13/06/2004

Que me des buen marido

San Antonio es uno de los santos de mi infancia.

Será porque tenía un mensajero que se recibía en casa de mis abuelas, El Mensajero de San Antonio, del que yo leía los chistes, los pasatiempos y la larga relación de personas que hacían donativos porque habían obtenido algún favor o alguna gracia especial por mediación de este santo de mirada extraviada y, como dice la zarzuela, verbenero ("llévame a la verbena de san Antonio", etc.)

Además, San Antonio era un santo con quien se podía contar para las cosas importantes. Por ejemplo, ayudaba a encontrar cosas perdidas. Cuando alguien anunciaba compungido:

-- He perdido las llaves de casa

Lo primero que le preguntaban era:

-- ¿le has rezado a san Antonio?

Aunque, sin duda, lo que más me impresionada era su faceta de componedor y agente matrimonial: encontraba novios, afianzaba relaciones, procuraba buenos partidos. Los Titiriteros de Binéfar cantan una canción que expresa fielmente esta dedicación de San Antonio:

"San Antonio bendito por dios te pido
que me des mucha suerte y un buen marido,
que no fume tabaco, ni beba vino,
que no vaya con otras sino conmigo".

Ya sé que esto que les cuento parece la prehistoria. Nada que ver con las historias que hoy alimentan la infancia de los niños. Como siempre, todo es mejor y peor al mismo tiempo.
Pero esto que les digo, créanme, fue ayer porque quien escribe es un chico joven que pronto cumplirá cuarenta años.
13/06/2004 09:56 Enlace permanente.

16/06/2004

Pensado en ella

Esta mañana, en ese momento en el que pensar es simplemente un milagro, me he descubierto pensando en ella, en cómo ha pasado el tiempo, en el sentido de las cosas, en lo que nos une, en sus abrazos, en sus besos, en sus canciones, en la risa, en las palabras -porque ella me dio sobre todo la palabra-, en cómo me consolaban sus manos, en el amor infinito multiplicado por cuatro, en las preocupaciones -grandes y pequeñas-, en cómo le duele mi dolor, en su forma de señalarme lo bueno y lo malo.

Yo sé por qué, esta mañana, pensaba en ella, cuando pensar parece simplemente un milago.
16/06/2004 07:51 Enlace permanente.

24/06/2004

Ridículus

Alguna vez ya he escrito que el mundo de Harry Potter me parece delirante, un mundo poblado por seres inquietantes, como los dementores que te roban los pensamientos alegres, la ilusión y el recuerdo de las cosas amables, se apoderan de tu alegría y te dejan inerte, con al mirada vacía y el corazón sin recuerdos. Y sí: hay dementores cerca de nosotros.

El domingo pasado estuve en el cine viendo con mis hijos "El prisionero de Azcabán". En esta película Harry se enfrentaba en varias ocasiones a un boggart, un extraño ser que toma la forma de nuestros terrores más íntimos. Es nuestro propio miedo lo que le da vida y por eso es diferente según quien mira esta criatura. Pues bien: sólo se puede dominar a un boggart con el hechizo "ridículus", que consiste, esencialmente, en reirnos de nosotros mismos, en llevar el miedo al absurdo. Ridículos es una fórmula contra las cosas que nos autoagobian. Deberíamos ser capaces de gritarnos "ridículus" con más frecuencia. De esta forma pondríamos las cosas en el lugar que realmente deben ocupar.
24/06/2004 12:08 Enlace permanente.


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