
He llevado a los chicos a la escuela y he pensado que era mejor volver a casa para revisar algunos papeles antes de una apasionante reunión que tengo dentro de un rato. Y tenía en el correo unas fotografías de Javier Torres, ese hombre bueno que recorre Zaragoza cargado de palabras y de sueños. Esta noche, quizá como fin de fiesta, quizá para celebrar que se acaban las vacaciones, alguien ha incendiado un contenedor. Las llamas han alcanzado el camión de Javier Torres. Cuánta estupidez y cuánta impotencia. Javier tendrá que comprar otro camión... Javier lleva toda la mañana consolando a los amigos que le llamamos para saber cómo está. Qué difícil es todo...