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Libros en HuescaNo hay mejor escenario que el parque de Huesca, junto a las pajaritas que soñó Ramón Acín, para celebrar la feria del libro. Protegidos por la sombra de frondosos árboles y por el círculo mágico que forman las palabras contenidas en los libros, un centenar de niños participaba en un bingo literario, mientras los mayores paseaban demoradamente por las casetas de las diferentes librerías. Algunos de los visitantes de la feria del libro se conducen con la determinación de quienes saben qué quieren y qué buscan, otros acarician los libros y saben que alguno de ellos terminará seduciéndoles, otros parecen estar buscando un tesoro, un libro raro o sorprendente que le está esperando en cualquier estante...
Antes de ir a la feria, celebramos una fiesta con Rosa Tabernero, José Luis Jiménez, Polo Salcego y Virginia.
Por la feria del libro pasó un momento Víctor Pardo, que siempre está en tránsito, cargado de proyectos, llevando, como siempre, libros en las manos, trabajando de sol a sol y a destajo para reconstruir vidas rotas, pequeños detalles de la historia que son los que nos hacen realmente grandes. Estuve con Irene Abad Buil una historiadora que investiga cómo las mujeres participaron de mil maneras en una sociedad que les negaba un sitio. Conocí en carne mortal a Severino Pallaruelo que ha aprendido a mirar los ríos, las piedras, la montaña, los barrancos y carrascales, el cielo y las gentes que pueblan el universo. Mirar sin más para descubrir el tiempo lento de la vida. Enrique Satué volvió a regalarnos, con la humildad de la gente de la montaña, los secretos que atesora gracias a su paciencia de etnógrafo.
Y me sonrieron Cielo, Alberto y Sofía.
Lo pasé bien y mal, como siempre. Y hablamos de Palmira Pla, de Ildefonso Beltrán, de los hermanos Carrasquer, de Ramón Acín, de Paco Ponzán y de Evaristo Viñuales, de Simeón Omella, de María Sánchez Arbós...
Y ahora estoy otra vez solo, herido por la ausencia y el vacío que sólo llenan las palabras. 04/06/2004 08:30
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